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Mostrando entradas de noviembre, 2017

El dueño del secreto

Por B. Arias
   De la abundante producción de Muñoz Molina, me pido las novelas cortas. Sus novelas normales me resultan largas, y a menudo he tenido que dejarlas (El invierno en Lisboa, Plenilunio o El jinete polaco, por ejemplo), con alguna excepción: me gustó mucho Beatus Ille, aunque no sé si la releeré algún día. En la media distancia, Muñoz Molina suele acertar para mi gusto: Nada del otro mundo, En ausencia de Blanca y, sobre todo, Carlota Fainberg. Llevado por esta impresión, me dispongo a leer El dueño del secreto por vez primera y en su edición de 1994. Ha sido un pequeño error, porque es una novela sin sustancia.    La clave de El dueño del secreto es un juego con la memoria, inconsistentemente mantenido por el narrador del relato, que veinte años después retoma los sucesos de 1974 en que, siendo estudiante en Madrid, se le hace partícipe de una supuesta conspiración cívico-militar para derrocar a Franco, y él no sólo se la cree en esos momentos, sino que se creerá culpable…

Bahía Blanca

Por B. Arias
   De los tres temas que Augusto Monterroso reconoce en la literatura (la muerte, el amor y las moscas), esta novela de Martín Kohan toca dos de ellos. Las moscas no se nombran, que yo recuerde, y durante el primer tercio del relato, en forma de diario, asistimos a un preparatorio de los otros dos: la muerte primero, el amor después. Sería bueno no saber más del argumento, pero si a pesar de todo uno es curioso, como yo mismo lo fui husmeando en otros blogs, se descubrirá en seguida que a pesar de la cotidianidad inicial se trata de una novela de amor obsesivo, de abandono, de venganza y de frustraciones.    El protagonista no tiene ni nombre al principio, es un tipo abúlico que llega por un mes a la ciudad más olvidada de la Argentina con una excusa bastante peregrina: estudiar la obra de un ciudadano ilustre (pero preterido en la propia ciudad) como fue Ezequiel Martínez Estrada. La gran virtud de este escritor argentino según nuestro protagonista es que salta de un te…

La Señora Bovary

Por B. Arias
   Vamos con Flaubert y su mejor libro. No lo había releído desde mi primera vez, allá por el 85. Va a ser verdad que hay lecturas según edades, como defendía Hume, y escritores también. Flaubert es para mayores; resulta demasiado frío para los jóvenes.    Quiero aclarar que no me he enamorado de Emma, a diferencia de Vargas Llosa, del que también he repasado estos días su precioso ensayo "Una pasión no correspondida"; pero entiendo que despierte ensoñaciones calenturientas, es como esas mujeres que lo tienen todo y sin embargo no nos cuajan, con la diferencia de que Emma no lo tiene todo: es caprichosa, cursi, atolondrada y por supuesto manirrota; aunque también simpática y ardiente. Si es tan apasionada en el amor físico es porque vive para el amor, no separa el alma y el cuerpo, hace lo que puede para su época, se aprovecha de esa nulidad que tiene por marido y en general manipula a los hombres, menos a Rodolphe, que la deja en el último momento. Su marido Ch…