viernes, 10 de enero de 2025

COLECCIONISMO (2): VALDEMAR GÓTICA (vols. 11 a 20)

 

Benito Arias

   El demonio del coleccionismo aparece cuando separamos los ejemplares de una misma colección y los ponemos aparte de sus anteriores compañeros, distinguiéndolos porque ya no caben en la balda con sus respectivos hermanos de autor o género, o porque simplemente nos conviene reordenar la biblioteca. Entonces adquieren personalidad propia, nos llaman continuamente la atención y lucen más atractivos. ¿Nos habremos tendido una trampa a nosotros mismos?

GOT-11: Joseph Sheridan Le Fanu: Dickon el Diablo.

Editado en 1993 con una fuente de letra algo pequeña, se solventa el problema en la reedición de 2017. La traducción de Rafael Lassaletta se sigue muy bien, y la selección de relatos es excelente, con obras que no son las más difundidas del autor. AGOTADO. 

GOT-12: Charles Dickens: El guardavías y otros cuentos de fantasmas.

De nuevo traduce Rafael Lassaletta. De Dickens hay numerosas ediciones de sus cuentos de fantasmas o fantásticos. Pero cada editorial parece empeñada en hacer una selección propia. Esta compilación de Valdemar es muy completa, y le otorga todos los honores al que viene siendo el cuento más veces antologado en la historia de la literatura fantástica. AGOTADO.

GOT-13: E. F. Benson: La habitación de la torre. 13 cuentos de fantasmas.

Continúan las colecciones de relatos traducidas por Lassaletta. Aparece por primera vez en España un libro dedicado al especialista en ghost stories E. F. Benson. Imprescindible. Reeditado en 2021, vuelve a estar AGOTADO.

GOT-14: Nathaniel Hawthorne: Musgos de una vieja rectoría. [Relatos fantásticos y siniestros]

Al centrarse exclusivamente en las aportaciones fantásticas y siniestras de la segunda colección del maestro norteamericano, no hallamos aquí tantos relatos como en la edición de Acantilado; pero sí están los más significativos. Habría que comparar y decidir entre las traducciones de Lassaleta (Gótica) o Marcelo Cohen (Acantilado). AGOTADO.

GOT-15: Gustav Meyrinck: El Golem.

Traduce José Rafael Hernández Arias. Una obra en la que hay mucha competencia. La versión clásica de Celia y Alfonso Ungría la encontramos en la impresionante edición de Serie Negra, en Tusquets, con cubierta de Esteban Maroto, así como en los Libros del Zorro Rojo o en una edición con tapa dura del Círculo de Lectores. En Alianza lo encontramos con traducción de Rafael Lupiani, y en 2013 salió además una impecable edición crítica de Isabel Hernández en Cátedra-Letras Populares. AGOTADO.

GOT-16: Mary Shelley: Frankenstein, o el moderno Prometeo.

La reedición es muy bonita, con amplio prólogo de Antonio José Navarro y la traducción de Francisco Torres Oliver, múltiples veces impresa. No se entiende la elección de la imagen de la cubierta (el Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci) cuando se ha tomado la cubierta original para la reedición del GOT-08. Pero esto son quejas menores. Si no se dispone de alguna edición equiparable (Círculo de Lectores, ilustrada, o Akal, ilustrada y anotada), es una magnífica edición del gran clásico.

GOT-17: Edward Bulwer Lytton: Zanoni, o el secreto de los inmortales.

De nuevo se recurre a una traducción de época para este volumen. De hecho, ha habido que actualizar la ortografía, que en la previa edición de Luis Cárcamo, editor (1980) retenía las aes y algunos monosílabos con tilde. Valdemar añade un breve prólogo de Agustín Izquierdo y una cubierta impresionante de William Blake. Se trata en palabras de Robert Aickman de "una de los escasos logros totales dentro del difícil campo de la novela de lo sobrenatural". AGOTADO.

GOT-18: Edgar Allan Poe: El pozo y el péndulo y otras historias espeluznantes.

Las traducciones de Poe en Valdemar, previamente aparecidas en Forum y otras editoriales, vienen firmadas por Mauro Armiño. Sería largo sopesar las muchas versiones de Poe en castellano, y aún más las distintas y numerosas ediciones ya sea de la totalidad de sus relatos o antologías. La selección de este volumen es incuestionable para los fines de la colección, y aporta un breve prólogo de Agustín Izquierdo. AGOTADO.

GOT-19:  Nathaniel Hawthorne: La letra escarlata.

Otra traducción de Mauro Armiño, de una obra con mucha competencia en ediciones al castellano.

GOT-20: Henry James: La fontana sagrada.

Traducción de Fernando Jadraque. En general no me parece un buen traductor de Henry James, especialmente en los relatos. Basta comparar sus decisiones con las de los más respetados en este campo (José Bianco, María Luisa Balseiro o Miguel Temprano) para darnos cuenta de su tendencia al término más extravagante (como prueba, el título de esta obra) y a la sintaxis barroca. Dicho eso, en la novela no ofrece su peor resultado, tal vez porque la traducción anterior disponible, la de Montserrat y José Antonio Millán (Fundamentos, 1983), no era tan "abominable" como este poco elegante traductor proclama desde su nota previa, y a la postre no se aleja mucho de ella. Es un título discutido, ya que la posibilidad de interpretarla como novela de vampiros (lo que justificaría su inclusión en esta colección) es tan ambigua como el resto de la producción fantástica de Henry James. 

 * * * * *

   Balance de este nuevo lote: entre los números 11 y 20 sólo están disponibles tres (y no son los más interesantes). Para el coleccionista, esto supone rebuscar lo imposible para dar con ejemplares, o pagar sumas desorbitadas en el mercado de reventa. Este es el principal obstáculo para hacerse con esta colección. Del segundo motivo para ser selectivos y renunciar a completarla, ya vemos un atisbo también en esta tanda: las traducciones. A veces son similares o incluso menos afinadas que otras disponibles. Tendremos ocasión de precisarlo aún más en las próximas entradas. Si hubiera que decantarse, sólo me parecen imprescindibles los GOT-11 y GOT-13. Por formato, cubierta y en suma, por el conjunto. Pueden también hacerse un hueco en las estanterías los GOT-16 y GOT-17; pero los GOT-14, GOT-15, GOT-18, GOT-19 y GOT-20 no tienen mucho que ofrecer frente a otras ediciones existentes en el mercado, y podrían solaparse con algunos ejemplares de nuestra biblioteca. Aun así, y puesto que no hay ningún volumen inferior a las ediciones de la competencia, la colección como tal sigue manteniendo una apetecible buena salud. Los mayores obstáculos para el completismo coleccionista llegan a partir de la próxima tanda.

miércoles, 8 de enero de 2025

COLECCIONISMO (1): VALDEMAR GÓTICA (vols. 1 a 10)

 


Benito Arias

   ¿Vale la pena coleccionar todos y cada uno de los volúmenes de una colección determinada? ¿Habrá muchas repeticiones? ¿Tendremos que comprar ejemplares que no merezcan la pena? ¿Habrá que pagar mucho por las ediciones agotadas? Entre otras, son las preguntas que nos hacemos cuando pensamos iniciar o terminar una colección. A veces se nos cruza una determinada editorial o una colección y parece que está diseñada para nosotros, y de ahí al infierno del coleccionismo sólo hay un paso; otras veces, aunque nos habíamos propuesto comprar sólo lo más granado de alguna otra, terminamos reuniendo tantos volúmenes que nos preguntamos si con un poco más de suerte y esfuerzo podríamos tenerla completa... Pues bien, entre las recientes, la de Valdemar Gótica es tal vez la colección que más interés despierta en el terreno de la literatura fantástica y de terror. Tiene muchos valores que la hacen notable: la encuadernación, el papel, las cubiertas, el diseño y por supuesto los títulos y las traducciones. ¿Superará el escrutinio detallado de cada uno de sus números? ¿No habrá a menudo mejores alternativas? ¿Compensa el esfuerzo económico y los quebrantos por los titulos agotados? Vamos a verlo libro a libro, como si nos planteáramos empezar hoy mismo la colección.

GOT-01: William Beckford: Vathek y sus episodios.

Empezamos con una anomalía, ya que el primer número estuvo dedicado únicamente a Los Episodios de Vathek, en traducción de Claudia Monfils. Finalmente, ha sido descatalogado y sustituido por una edición completa de la obra en traducción de Mario Armiño, con introducción de Stephane Mallarmé. Esa introducción ya estaba disponible en la edición de Bruguera de la novela principal, con traducción (buena) de Manuel Serrat Crespo. Por otro lado, en Siruela (La Biblioteca de Babel) ya había salido otra edición del relato principal en una traducción excelente de Guillermo Carnero. Pero, sobre todo, y antes de Valdemar, Alianza Bolsillo editó el conjunto completo en una magnífica versión de Javier Martín Lalanda. Hay competencia.

GOT-02:  Thomas de Quincey: Klosterheim, o La Máscara.

Relato gótico de Thomas de Quincey. Sólo se encuentra en esta editorial (hay alternativa en El Club Diógenes). Para los interesados en esta obra, es imprescindible pasar por Valdemar. AGOTADO

GOT-03: M. G. Lewis: El Monje.

En traducción de Francisco Torres Oliver, la única disponible durante décadas en España, es una obra fundamental del género. Juan Perucho la sacó en la editorial Táber en 1970, con una traducción que llevaba por título El Fraile; la  de Torres Oliver (un maestro en este terreno) se ha editado múltiples veces en varias editoriales (Bruguera, Forum...), incluso en tapa dura e ilustrada dentro de Círculo de Lectores. Por otro lado, hay edición crítica de Juan Antonio Molina Foix en Cátedra Letras Universales, formato de bolsillo. AGOTADO.

GOT-04: Charles Brockden Brown: Wieland, o La Transformación.

Buena edición de la novela que inicia el gótico norteamericano. Reeditado recientemente.

GOT-05: Ann Radcliffe: Los misterios de Udolpho.

Rescatada del fondo de la estupenda Biblioteca del Terror (Forum), que la sacó en 4 tomitos muy manejables, llegamos al primer "mamutreto" de la Gótica. Habrá quien prefiera la edición fascicular de Forum. AGOTADO.

GOT-06: James Hogg: Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado.

Otra de las traducciones clásicas de Francisco Torres Oliver. Prólogo de André Gide. Previamente había aparecido en Alfaguara Nostromo. Se ha reeditado en Gótica hace poco, después de muchos años agotado.

GOT-07: Alexandre Dumas: Crímenes Célebres.

La primera edición de 1993 recoge tres casos y la reedición de 2013 cuatro. Anteriormente había aparecido una edición en Cupsa Editorial con tres relatos con la misma traducción que aparece aquí. Son traducciones de época, remozadas. En todos los casos se trata de selecciones muy escuetas del original francés, sólo tres o cuatro relatos de los 18 originales, siendo preferible la reedición de Gótica de 2013. AGOTADO.

GOT-08: Mary Shelley: Cuentos góticos.

La primera edición tiene una cubierta distinta a la reedición de 2015, que porta la imagen original de Frankenstein. Algo bastante raro, teniendo en cuenta que Frankenstein también está editado en Gótica. En Diógenes salió una edición abreviada, con un relato menos. AGOTADO.

GOT-09: Hanns Heinz Ewers: Mandrágora.

Sólo se encuentra en esta edición o en Diógenes. La reedición (2016) de Gótica es completísima: Traducción de José Rodríguez Ponce. Prólogo de José Rafael Hernández Arias. Introducción de Jesús Palacios. Álbum gráfico. Ilustraciones de Mahlou Blaine. Uno de los títulos más destacables de toda la colección. AGOTADO.

GOT-10: Walpole, Lewis y Shelley: Tres piezas góticas.

Marcelo Covián traduce El castillo de Otranto (Walpole), Francisco Torres Oliver El espectro del castillo (Lewis) y Rafael Lasaleta Zastrozzi (Percy B. Shelley). De la primera novela hay muchas ediciones disponibles; pero el conjunto es atractivo y único por incluir las otras dos novelas cortas. Por algún motivo que se me escapa, la traducción suelta de El castillo de Otranto en Diógenes la firma José Luis Moreno-Ruiz, hay que tenerlo en cuenta porque este traductor no es fiable. AGOTADO.

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   En mi opinión, los libros más interesantes de este lote por la calidad de las obras y el carácter de la edición son los GOT-02, GOT-04, GOT-07, GOT-08, GOT-09 y GOT-10. También deben considerarse, salvo que se posean otras ediciones de estas misma traducciones, los GOT-03, GOT-05 y GOT-06. Y sólo el GOT-01 es equiparable a otra edición en el mercado, pero al estar la competencia en Alianza bolsillo, no hay color por el lado del formato. En estos primeros volúmenes, la calidad de las obras, las traducciones y ediciones, son excelentes; sin embargo hay una alta proporción de ejemplares agotados. Para concluir que un libro está agotado, me baso en la web de la propia editorial, asociada con la librería Opar de Madrid: en el caso de que no disponga de ejemplares esta librería, asumiré que el título estaría agotado; pero ello no impide que queden ejemplares en otras librerías. "Agotado", por tanto, no quiere decir "descatalogado", como algunos anuncian alegremente en las webs de venta. Que yo sepa, sólo se puede considerar descatalogado el inicial número GOT-01 en su versión incompleta; ya que ha desaparecido como tal del catálogo y no se va a reeditar. Sí es verdad que algunos volúmenes presentan problemas particulares para la reedición, algo que discutiremos cuando lleguemos a ellos.

domingo, 5 de enero de 2025

DULCES SUEÑOS (Robert Bloch y José Luis Moreno-Ruiz)

 

Benito Arias

   En la entrada anterior quise mostrar la importancia de las traducciones cuando leemos literatura extranjera. Nunca seremos suficientemente quisquillosos a este respecto. A menudo disponemos de varias versiones de una misma obra, y toca por tanto comparar o buscar referencias para saber con cuál quedarnos. Podemos dar con grandes diferencias pero sin errores notables, lo que nos lleva a decantarnos por una u otra según nuestro gusto personal, el estilo o la puntuación de algún traductor concreto; otras no hay diferencias significativas (esto es raro) y otras descubrimos que hay auténticos abismos entre unas traducciones y otras, en cuyo caso hay que decidir cuál es la más fiel o la más bella (el eterno dilema).

   Cuando sólo contamos con una traducción en el mercado, es casi obligado confiar en ella y leerla si estamos muy interesados por la obra en cuestión. De dos colecciones de cuentos de Robert Bloch (1917-1994), originalmente aparecidas en la prestigiosa Arkham House, sólo hay en español las versiones que salieron en la para muchos no menos prestigiosa Valdemar Gótica, me refiero a El que abre el camino (The Opener of the Way, 1945) y Dulces sueños (Pleasant Dreams, 1960). Las dos colecciones están traducidas por José Luis Moreno-Ruiz. Como no tengo buenas experiencias con este traductor, me propongo hacer un repaso somero de los relatos de la segunda colección, y empiezo por uno de la temática que más me atrae, las casas encantadas. El cuento se titula "La casa hambrienta" (The Hungry House, 1951), donde nada más empezar se nos informa de que una pareja "alquila" una casa, y aquí empiezan los problemas, porque el original advierte que la han comprado (bought), detalle que es importante por el nivel de compromiso con la propiedad que implica. Es un error incomprensible del traductor. A continuación, hay una frase memorable: "Then it came." Algo así como "Entonces eso llegó". It, eso..., y sabemos que Stephen King leyó con gusto a Bloch, la traducción no debería obviar este juego de referencias. Vana esperanza, ya que el traductor ofrece lo siguiente: "Entonces fue cuando se manifestó". Y uno se pregunta por qué alguien que se supone maneja con soltura el idioma extranjero nos da una versión tan... diluida, de tres palabras cruciales, una de ellas con cursiva. Algo enfadados seguimos con el relato, que como se ve no es precisamente Finnegan's Wake, se puede leer hasta con pocos conocimientos de inglés, como es mi caso. El autor justifica que aun estando "eso" en la casa, no es cuestión de mudarse. "Moving was out of question", y punto. Nuestro traductor lo adorna un poco: "Mudarse estaba fuera de lugar, no había ni que considerarlo", y uno se pregunta de dónde saca la mitad de la frase; pero entonces recordamos la estrategia de engordarlas para cobrar más, y vamos entendiendo. El caso es que hay un préstamo por medio, y según  el traductor "Era absurdo ir con ese argumento al agente; era imposible explicárselo a sus amigos". Esto no se entiende muy bien, ¿por qué es absurdo ir con el argumento del préstamo al agente inmobiliario? Pues no se entiende, en efecto, porque no dice eso. Lo que Bloch dice son dos cosas distintas: que han conseguido un buen préstamo del banco y, por otro lado que "It would be absurd to complain to the agent about it, and impossible to explain to their friends". Evidentemente, si mantenemos el significado de "it" o "eso", es decir, la presencia en la casa, la cosa tiene lógica y va preparando el terreno; de otro modo, como lo cuenta el traductor, es un sinsentido.

   Por ahora sólo hemos leído dos párrafos bastante breves del cuento, y la traducción es un absoluto desastre. Tres de los inconvenientes habituales en las traiciones de Moreno-Ruiz ya se han manifestado a la primera de cambio: por un lado los errores garrafales, las simples y llanas meteduras de pata. Por otro, los añadidos redundantes e innecesarios que destrozan el estilo de los autores y tornan iguales las maneras de escribir de todos los que pasan por las manos de nuestro traditore. En tercer lugar, los errores de interpretación que desvirtúan la historia y la banalizan.

   En el cuarto párrafo tenemos otro ejemplo de esto último:

   "Ella lo sintió la primera noche, en el dormitorio. Estaba sentada ante aquel espejo antiguo, cepillando sus cabellos. El espejo no tenía una sola mota de polvo y se veía allí claramente reflejada. La luz estaba encendida, además, aunque era una luz pobre."

   Este es el párrafo entero. El original dice:

   "She felt in the very first evening, in the bedroom. She was sitting in front of the high, oldfashioned boudoir mirror, combing her hair. They hadn't settled all their things yet, and she didn't trouble to dust the place very thoroughly. In consequence the mirror was cloudy. And the light above it flickered."

   Extrañamente, en este caso se nos escamotea información. No se deja claro que el espejo (antiguo y anticuado) es un espejo tocador, y que como era la primera noche aún no habían terminado los arreglos y ella no había limpiado el polvo a conciencia, por lo que el espejo estaba "nublado". Además, la luz de arriba parpadeaba... La situación es de este modo más propicia a la aparición de los fantasmas que la dada por la traducción española, eso sin duda.

   Creo que no vale la pena seguir indagando. En sólo cuatro párrafos breves hay tantas inexactitudes que la traducción no superaría ni un examen de grado elemental. Pues bien: este libro se ha vendido en su primera edición, que como mínimo será de mil o dos mil ejemplares, y después se ha reeditado un par de veces. Creo que es obligado advertir a quien está dispuesto a pagar su precio de mercado o el de la segunda mano, en su caso, que por completar la colección de Gótica no está comprando un libro, sino un objeto, ya que el espíritu del libro, la obra como tal, casi ha desaparecido en la traducción española.

sábado, 30 de noviembre de 2024

EL VALLE DE LA MUERTE (Ralph Adams Cram, 1895. Con la colaboración de José Luis Moreno-Ruiz, traductor)

 

Benito Arias

    La curiosidad por un cuento alabado por Lovecraft y emparentado con "Los sauces" de Blackwood y  "El color que cayó del espacio" del propio Lovecraft (uno de sus mejores relatos), me llevó a este Diógenes de la editorial Valdemar. Desgraciadamente, todo el volumen está traducido por José Luis Moreno-Ruiz, de quien tenía entendido no cabe fiarse un pelo, como enseguida paso a relatar. Pero antes destaquemos el valor en sí del relato de Ralph Adams Cram, bueno y contenido al crear la atmósfera sobrenatural, y sobre todo por ese carácter anticipador del horror en la naturaleza (aunque los autores posteriores lo hayan explotado con más acierto); pero, claro está, para valorarlo justamente habría que leerlo en una versión apropiada.

   Es un episodio sabido que la editorial Valdemar tuvo que retirar del mercado la traducción de Nuevos cuentos de los Mitos de Cthulhu, la antología que compiló Ramsey Campbell y aparecida en la colección Gótica, para sustituir la infiel traducción de José Luis Moreno-Ruiz por otra más ajustada al original. Los inventos del traductor fueron tan evidentes, por ejemplo en el relato de T.E.D Klein, que las quejas de los lectores llegaron a los editores y estos tuvieron que reconocer que los había engañado. El propio traductor se justificó con mucho cinismo aduciendo que a él le pagaban al peso y que por tanto traducía también "al peso". Toda esta historia se la puede seguir con detalle y ejemplos en el blog Disportancia.

   Al leer el relato de Ralph Adams Cram he recordado esta circunstancia ya pasada, y me he visto obligado a preguntarme si este traductor procedía siempre como un co-autor en sus traducciones o si el anterior caso fue un acto de despecho contra la editorial. He revisado algunos de sus trabajos, desde la primera novela de 1980 (El estafador y sus disfraces, de Herman Melville, para la editorial Legasa) hasta algunas aparecidas en Valdemar (que ha acogido buena parte de su labor) y las conclusiones son inequívocas.

   Empezando por "El Valle de la Muerte", diría que no leemos el relato de Ralph Adams Cram en otra lengua, sino un híbrido donde la mano del traductor inventa, malinterpreta y sobre todo añade gran cantidad de líneas a fin de aumentar el número de páginas a cobrar. Aproximandamente una página y media del total del cuento (19 páginas) es aportación original del traductor. Cabe especular si este procedimiento está encaminado sólo a cobrar más, como reconoció él mismo, o si hay añadido un acto de venganza, porque con un poco más de atención hubiera acabado un trabajo digno, si hubiera eliminado las reiteraciones y verbosidades que estropean el estilo original del autor. Y cabe preguntárselo por el desprestigio que le supuso su mala praxis: la propia editorial Valdemar, de hecho, dejó de encargarle nada y aunque se los pagó ya no llegó a publicar un par de traducciones que les había entregado, años antes de morir en 2021. Para salir de dudas hay que revisar más traducciones.

   "El Valle de la Muerte", empecemos por aquí, incluye, además de los habituales añadidos, dos errores importantes de traducción que sólo pueden ser achacados al descuido y la negligencia, si no a la simple y llana ineptitud, uno cuando malinterpreta el momento de atracción por el perrito que quieren comprar los adolescentes para convertirla en una especie de escena tipo Heidi, con los tres triscando por el campo, y otra cuando convierte a los protagonistas en cazadores de jabalíes cuando en realidad están practicando tiro a jabalíes, sí, pero de cartón. Si se quiere leer una interpretación más fiel al original, cabe hacerlo en la web de El espejo gótico.

   Al revisar el historial de este traductor tan inventivo hay que remontarse a su edición de Melville y compararla con la nueva de Montesinos (de la que hay adelanto editorial en Zenda), y sobre todo con el original. Hecho esto, sólo cabe concluir que José Luis Moreno-Ruiz no tenía grandes conocimientos del inglés, pero lo que desconocía se lo inventaba tan alegremente que sorprende cómo ha podido trabajar tantos años para una editorial cualquiera, y sobre todo para una como Valdemar.

   Me preocupan especialmente sus aportaciones a esta última, una de mis favoritas, porque precisamente su sombra es alargada. Más de una decena de volúmenes de la colección Gótica ha sido traducida total o parcialmente por José Luis Moreno-Ruiz antes de ser expulsado con deshonor de la editorial. Esos volúmenes (los dos de Robert Bloch, el de Seabury Quinn, Sanguinarius, el de Washington Irving y otros), que ocasionalmente se han reeditado en El Club Diógenes, se añaden a otros encargados expresamente para la colección de bolsillo: Chesterton, Stevenson, Walter Scott y muchos otros. He llevado a cabo algunas calas comparando con los originales y con otras traducciones del mercado, y estas son mis apreciaciones:

   Del volumen Sanguinarius he ido al inicio del relato "El misterio de Ken", original de Julian Hawthorne, para compararlo con el que nos dio Albert Solé en la primera salida de la antología Vamps (Valdemar, 1991), que es muy fiel al original, como suele ocurrir con las buenas traducciones, y bueno, he tenido que dejarlo en seguida, harto de las intercalaciones inventadas (que el personaje escribía "aunque con cierto descuido" o que no le sorprendió "a él mismo" que se fuera a viajar por Europa...), cuando no de los peores errores (al confundir salir de viaje con volver).

   Del volumen de Seabury Quinn (Las cámaras del horror de Jules de Grandin, Valdemar Gótica, 2004) me ha bastado con la primera línea del primer cuento:

    "Tiens, Friend Trowbridge, you work late tonight" [Seabury Quinn], que se transforma en "Tiens, amigo Trowbridge; trabajó usted anoche hasta muy tarde." [Tr. José Luis Moreno]

   En el caso de sus aportaciones al volumen Los archivos del doctor Hesselius también para Valdemar Gótica (2002), la historia se complica. La traducción no suena tan florida ni inventiva, como terminan quedando las anteriores (al cabo, el estilo del traductor emparenta a autores diversos con puntualizaciones innecesarias y apreciaciones extravagantes). Lo que ocurre es,  sin embargo, más grave. En este caso, José Luis Moreno-Ruiz parece seguir no el original de Le Fanu sino otra traducción aparecida en 1996 en la editorial Edicomunicación, una mediocre versión de Albert Laurent. Creo que esto se puede demostrar siguiendo línea a línea ambas versiones y comparándolas con el original inglés, porque Laurent también es peculiar en su forma de traducir y a menudo cambia el orden de las frase, lo que curiosamente se replica en la versión de Moreno-Ruiz, quien por su parte tampoco nos ahorra sus habituales florilegios. La prueba definitiva que me lleva a esta acusación es que, como alumnos que copian en un examen, se equivocan en los mismos lugares. Por ejemplo en el inicio del relato "El juez Harbottle":

   "Thirty years ago, an elderly man, to whom I paid quarterly a small annuity charged on some property of mine ... No better authority could be imagined for a ghost story. He told me one, though with a manifest reluctance." [Le Fanu]

   "Hace treinta años, un anciano de quien yo recibía cada semestre una pequeña renta en concepto de alquiler de una de mis propiedades ... Nadie podía ser considerado mejor autoridad con respecto a una historia de fantasmas. Pese a mi desagrado manifiesto, me relató uno de esos episodios."  [Tr. Alberto Laurent]

   "Hace treinta años, un hombre de edad, del que cobraba yo una pequeña suma semestral por el alquiler de una propiedad ... Nadie mejor que él, por lo demás, para dar cuenta de una veraz historia de fantasmas, asunto en el que era una autoridad, muy a su pesar. No obstante haberle mostrado yo cierto desagrado ante lo que pretendía, me relató un episodio fantasmagórico que vivió de cerca." [Tr. José Luis Moreno].

   Obsérvese la diferencia en extensión de la traducción de José Luis Moreno-Ruiz con respecto al original, y repárese en que la renta la paga el narrador al anciano, trimestralmente y no semestralmente, y que el desagrado ante la historia es del anciano, no del juez, a diferencia de como lo expresan ambas traducciones, y a diferencia de como lo resuelve una mejor versión, la que apareció en la Biblioteca del Terror, de la Editorial Forum:

   "Hace de esto treinta años, un anciano a quien yo entregaba todos los trimestres una pequeña renta ...  No se puede esperar un narrador más digno para una historia de fantasmas. Me refirió una, aunque con un rechazo evidente."  [Tr. Cristina Campo]

   No he profundizado más. Creo que se puede concluir que ninguna traducción firmada por José Luis Moreno-Ruiz es fiable, ya que presumiblemente estará llena de errores y de intercalados de su cosecha. Y ahora me pregunto, ¿en qué posición deja esta mancha a la editorial que acogió tantas traiciones de su mano? ¿Y en qué estado de ánimo va a seguir alguien coleccionando esos ejemplares tan preciados de la colección Gótica o El Club Diógenes?

viernes, 28 de junio de 2024

WAHT IS ANYTHING? Memoirs of a Life in Lovecraft (S. T. Joshi, 2023)

 

 

Benito Arias

   Si alguien siente alguna curiosidad por saber cómo es "una vida en Lovecraft", esto es, una vida de erudición consagrada a la figura de H. P. Lovecraft, puede consultar o leer estas memorias del muy productivo S. T. Joshi (nacido en 1958), de origen hindú pero criado y nacionalizado estadounidense. Se trata de un estudioso mundialmente reconocido por sus trabajos en el terreno de la weird fiction, siendo "weird" un vocablo que se atribuye a la propia obra de Lovecraft y a la literatura fantástica más o menos emparentada con él. Hoy se habla al menos en parte de "new weird" para calificar a las variantes que añaden ingredientes de fantasía o de ciencia ficción al conocido como "horror cósmico" lovecraftiano, u "horror material" porque el efecto terrorífico está ligado a deidades y monstruosidades que causan un indecible espanto ("indecible" o "inexpresable" -unutterable- es un término muy querido por ambos, Lovecraft y Joshi). Lovecraft continúa (y ciertamente banaliza) la corriente iniciada con Poe y se desmarca del fantástico atmosférico que encontramos en la "ghost story" británica, o en la literatura extraña o surrealista de otros autores más inclinados a inquietar que a horrorizar. Los modelos de Lovecraft son Poe, Arthur Machen, Algernon Blackwood y algo de Lord Dunsany para su vertiente onírica; por otro lado, los autores más o menos emparentados con Lovecraft serán sus contemporáneos Robert E. Howard, Clark Ashton Smith (con ellos hay una especie de simbiosis en un trío con características comunes y propias al mismo tiempo) y, más cerca de nuestros días, Ramsey Campbell (en hiperbólica opinión de S. T., nada menos que el mejor autor vivo del género, "y tal vez de la historia") y Thomas Ligotti. La legión de imitadores queda atestiguada por la cantidad de antologías inspiradas en los llamados Mitos de Cthulhu, a menudo de calidad ínfima.

   Pues bien, en resumidas cuentas, éste es el campo de S. T. Joshi, ya que su vida como tal tiene pocas aventuras, si quitamos la vez en que se llevó un libro de una biblioteca para fotocopiarlo a escondidas, o aquella otra en que se aprovechó de una máquina en mal estado para sacar montones de copias de microfilms a bajo precio. Tras pasar por la universidad, donde a medida que se especializa en lenguas clásicas descubre a H. P., llegará un momento en que deba elegir entre la vida del profesor universitario o la del erudito freelance. Se decide por esto último y empieza a dar tumbos por todas y cada una de las bibliotecas que en su país tienen cartas, manuscritos u obras originales e inencontrables de Lovecraft, cómo no, pero también de Ambrose Bierce y otros autores que le interesan especialmente, como H. L. Mencken y hasta Robert Aickman (del que llega a teclear a partir del manuscrito una novela inédita, Go Back at Once, que no logra editar). La cantidad de papeles que confiesa haber consultado es impresionante, en el caso de Lovecraft se le debe como es notorio la edición cotejada con los manuscritos de todos sus relatos, poemas, ensayos y especialmente su correspondencia (ingente), y a esto hay que sumar bibliografías de bastantes autores, ediciones recopilatorias de crítica sobre Lovecraft y otros, revistas, actas de congresos... En fin, a su entender son unos 400 libros, teniendo en cuenta que suele editar y reeditar muchas veces lo mismo y que considera libro propio cualquier cosa que haya sido editada por él (si prepara un libro de un autor olvidado, y lo reedita incluso sin prólogo ni notas, ya es un libro de S. T. Joshi a estos efectos), y en parte tiene derecho, cómo no.

   La cubierta de las memorias no es muy afortunada, y predispone a considerar la vida a la que se refiere en tonos más bien grises y oscuros. Esa impresión es correcta. Sus polémicas, en las que no profundiza, resultan algo vacuas, y como humano muy humano parece no haber ofensa que olvide, ni elogio que le parezca suficiente. Un problema es que, siendo crítico, a menudo cambia de opinión, algo más que comprensible (lo que no se entiende es que Aickman cada vez le interese menos, pero Campbell cada vez más, como ejemplo de estos cambios de opinión). No ha cambiado la idolatría de Su Autor, al que siempre defenderá con pluma y espada. La polémica con el buen Charles Baxter sobre la calidad literaria de H. P. es digna de rastreo, no se dan muchas pistas en las memorias, pero en la Red está todo. Tampoco aceptará obviamente las exageradas críticas de Edmund Wilson en los años '40, que seguramente influyeron en la travesía por el desierto por la que hubo de cruzar Lovecraft hasta los años '80, pero aunque no le encargan a él la edición, sí son sus textos lo que llegarán ya a inicios de este siglo al volumen de Library of America (un único volumen de relatos a cargo de Peter Straub, pero guiado por S. T. en la sombra), un hecho que supone la aceptación del autor dentro del corpus de las letras americanas. Sin duda, si alguien ha hecho méritos para esta aceptación del valor literario de Lovecraft ha sido este estudioso, que lo sabe todo de Su Autor, y lo ha sacado del ghetto con sus ediciones en Penguin Classics.

   Estas memorias no tienen demasiadas virtudes literarias, y el propio S T. reconoce que no es buen escritor, aunque publique alguna novela de detectives que otra. El estilo, en efecto, es periodístico y plano, lo que cuenta es a menudo aburrido y repetitivo, sólo apto para fanáticos de estos temas, interesados en saber cuántas ediciones ha preparado para Penguin o qué autores ha rescatado para Hippocampus o Centipede Press. Pura adrenalina.

   Cuando ocasionalmente se sale de Su Tema, nos habla de interpretación musical (es violinista, cantante y compositor, aunque le gusta mucho Corelli), así como de sus dos esposas o de sus gatos; pero tampoco transmite mucha pasión en estos campos, bueno tal vez sí por la música y bastante por los gatos. Por lo demás, conoce a medio mundo en el género, pero no nos deja ni una anécdota que recordar (sólo cuando se refiere a la muerte de Wilum Pugmire deja un atisbo de emoción en el par de párrafos que le otorga); los congresos y convenciones son mediocres aunque el tema sea lo fantástico (lo más animado en este caso será una pelea alrededor del sempiterno tema del racismo en Lovecraft y algún intento de cancelación del que logra defenderlo con gran eficacia). En cuanto al trabajo fundamental de Joshi, que es encontrar, leer y sobre todo copiar manuscritos y libros para sus reediciones (decenas de volúmenes de Ambrose Bierce o H. L. Mencken en autoediciones vía Amazon, por ejemplo) no transmite la pasión del coleccionista, porque se revela en todo momento como la tarea de un erudito, no un bibliófilo, y a veces ni siquiera parece un apasionado del género. Se diría que practica el arte de leer de corrido, como quien rema en galeras, cientos y miles de páginas para seleccionar algo que poder editar con su nombre o algo que resumir en sus múltiples panoramas históricos o en esas monografías que redacta en unos pocos meses.

   En el Epílogo, como reconocido narcisista que es, se pregunta qué quedará de él en la Historia, y se contesta que las ediciones corregidas y su enorme biografía de Lovecraft, su historia del género de terror, su historia del ateísmo y las ediciones de Bierce, Dunsany y demás autores weird. Estas memorias no van a llegar a tan selecto grupo.

domingo, 19 de mayo de 2024

LA ERA DEL FUTURO DEGRADADO (Mark Samuels, 2020)

 


Benito Arias

   Es difícil olvidar los relatos de Mark Samuels (Londres, 1967-2023). Su primera aparición en castellano antes del volumen de Valdemar recién editado en este año de 2024, creo que fue en una antología de una editorial que sólo vendía sus libros en formato electrónico: Fata Libelli. Una pena que dejara de existir, porque sacaba muy buenos libros del llamado New Weird, entre ellos la antología Sui generis con tres relatos de Reggie Oliver, Mark Samuels y Quentin S. Crisp. El de Samuels, titulado "THYXXOLQU" me pareció en su día el mejor. En la antología que ahora comentamos, un "Best Of" seleccionado por el autor, también se halla el relato impronunciable, junto con otros 16 en la última apuesta de la prestigiosa Gótica, donde el autor iba a compartir con Ligotti o Barker el privilegio de ser uno de los muy escasos autores vivos con un volumen completo en ella. Pero la suerte tenía otros planes y Mark Samuels falleció en diciembre de 2023, sin haberlo visto siquiera. Esta edición no puede superar pero sí competir en calidad de edición con algunos de sus otros libros, editados a menudo en ediciones pequeñas, lujosas y muy caras. Ahora, no hay que sorprenderse, está todo agotado y lo poco que circula lo hace a precios prohibitivos. Pero Samuels alternaba esas elitistas publicaciones de Tartarus Press (The White Hands and Other Weird Tales, 2003, tirada de 350 ejemplares) o PS (Glyphotec and Other Macabre Processes, 2008, tirada de 100 ejemplares) o las actuales reediciones de Zendaya, con relatos en numerosas antologías populares del tipo "Black Book of Horror" y otras del estilo. En los últimos años empezó a editar en Hippocampus Press, por ejemplo con el original de esta antología que comentamos (editada en 2020), y también colaboró en los dos primeros números de la revista Penumbra. Pero en los años previos, y después de un intento de financiarse a través de una web de patrocinio, había optado por autopublicarse sus propios libros bajo el sello Ulymas Press, a través de Amazon. Así cabía conseguir hasta hace poco su Glyphotec en una edición revisada y ampliada. Lo único aún vivo y a precio asequible es su última novela, With-Cult Abbey (Hippocampus Press, 2021).

   Para conocer algo más de la trayectoria vital de este autor cabe recurrir a una graciosa entrevista que le hace Quentin S. Crisp con ocasión de la aparición de su libro Written in Darkness (2014), o la que le hizo Matt Cardin en 2006; pero sobre todo es recomendable una biografía anónima, dentro de un volumen de homenaje que le ofrecen sus amigos y colegas: Marked to Die. A Tribute to Mark Samuels. Edited by Justin Isis (2016), en el capítulo titulado "About Mark Samuels" que sólo ha podido ser escrito por él, y donde nos informa con gracia de sus múltiples trabajos y penurias, la sucesión de sus libros y, dato importante, que es católico, romano y muy creyente. Reuniendo información de aquí y de allí, están muy claros sus intereses e influencias literarias: Poe, M. R. James, Machen o Lovecraft entre los clásicos; pero también otras menos evidentes, como J. K. Huysmans, M P. Shiel o el polaco Stefan Grabinski, al que llegó a traducir, y con el que le complacía al parecer compartir catálogo en la colección Gótica. El autor del prólogo de la antología que comentamos, el prestigioso crítico Michael Dirda, que no desdeña la literatura de género, va sembrando aquí y allí otras referencias y complicidades en su erudito prólogo, no exento de genuina admiración. Pero el propio Samuels reconoce ser "a devotee of the weird fiction of Thomas Ligotti", con el que ha mantenido una cierta amistad por correspondencia, y el americano ha llegado incluso a orientar algunas de sus obras con consejos que el londinense ha aceptado (para el relato "Vrolyck", uno de los mejores de la compilación), según reconoce ante Quentin S. Crisp. Como muestra de esta relación cabe destacar la dedicatoria del ejemplar que envió a Ligotti de su primera colección de relatos, The White Hands:

   Pues bien, para mí, Mark Samuels está casi siempre al nivel del mejor Ligotti, pero claro, el americano me resulta algo pesado y deprimente salvo en algunas ocasiones, cuando se revela como un autor singular y excepcional; Samuels, sin embargo, aun con toda su atmósfera metafísica y condenada al pesimismo, mantiene una ligereza de fondo que conlleva una especie de aceptación de la condena, en sintonía con el católico convencido que él es, una deriva kafkiana que arranca incluso alguna sonrisa. Pensemos en esa reencarnación de Lovecraft en un escritor mejicano de tres al cuarto ("Un caballero de México") o en los relatos que debajo del infierno (al que ineludiblemente conducen todas o casi todas las tramas) destacan un éxtasis más allá de la apariencia y el horror. También hay elementos de ciencia ficción en sus mejores historias ("Vrolyck", "El moho negro", "La niebla carmesí") y numerosos aficionados que investigan alguna aparición del otro lado a la vez que relacionan los sucesos con Machen, Shiel o Twilight Zone. Esa metaliteratura que también encontramos en T. E. D. Klein, por ejemplo, parece sugerir que la realidad, o mejor, lo que hay debajo de lo que ocurre, se puede leer con las referencias de la literatura fantástica, porque la realidad es, de suyo, fantástica. 

   Este libro es una maravillosa sorpresa (muy bien traducido, por cierto, por Lorenzo Díaz) del que es mejor no saber mucho antes de sumergirse en él. Los libros de Samuels sólo pueden seguir creciendo con el paso de los años, y ello por dos razones: la originalidad de las tramas y la precisión de un estilo literario que recuerda en ocasiones a uno de los maestros reconocidos del New Weird, Jorge Luis Borges, con la paradójica fortuna de haber pasado por una lengua intermedia.

sábado, 10 de febrero de 2024

FRANNY Y ZOOEY (J. D. Salinger, 1961)

 


 Benito Arias

   Este libro de J. D. Salinger parece una reunión de dos relatos pero es una novela corta con dos escenas relacionadas a través de los personajes, el primero es Franny Glass, una de las hermanas de la familia Glass, a la que pertenece igualmente su hermano Zooey Glass, el segundo en el título, así como Seymour Glass, de amplia presencia en la obra de Salinger. Pero aunque Seymour es el personaje más desarrollado por su creador (también indirectamente en esta novela), en Franny y Zooey va a centrarse en los hermanos menores de la numerosa familia de niños prodigio.

   Franny y Zooey se publicó en 1961, creo que su primera traducción al español es la de Pilar Giralt para Bruguera, un libro que compré en librería de segunda mano a mediados de los 80 del siglo pasado, y lo hice sin muchos datos, ya que los libros de este autor nunca han recogido información ni presentaciones, y yo sólo lo había oído nombrar. Supongo que estaría barato, o tal vez me gustaron sus primera líneas, puede que las dos cosas. El caso es que lo leí directamente ese mismo día y luego una segunda vez, ya completamente convertido a la religión salingeriana, un par de meses después, y por fin una tercera al año siguiente. Empezar a leer a Salinger a cierta edad es como llegar a la Luna, todo un éxtasis, y eso que esta es la novela menos reconocida de su producción; por lo general, todo el mundo empieza por El guardíán entre el centeno (1951), y los más selectos por los Nueve Cuentos (1953), la obra para iniciados y conocedores es Levantad carpinteros la viga maestra (1955), y las menos leídas y apreciadas Seymour, una introducción (1959) y, obviamente, Hapworth 16, 1924 (1965). Para mí, aun habiendo leído todo lo suyo varias veces, Salinger es y será siempre el autor de esta novelita, porque fue la primera, porque despierta tormentas emocionales muy positivas y deja buen cuerpo, porque técnicamente es consciente de sus defectos y también de sus maravillosos aciertos, porque se bebe más que se lee, y porque tiene todo el peligro y la fascinación de las obras únicas llamadas a cambiar el estilo de los escritores cachorros, como lo ha venido haciendo en Estados Unidos desde mediados del siglo pasado y hasta hoy. 

   Sin embargo, hubo un tiempo en que el idilio se interrumpió con la cuarta relectura, en la versión de Maribel de Juan para Alianza bolsillo, allá por 1987. No creo que fuera un problema de la nueva traducción, sino tal vez un cierto hartazgo del "tonillo" salingeriano, de su santurronería, o esa búsqueda de la pureza derivada de un cristianismo y un budismo en revoltijo, demasiado cargante ya entonces para mi gusto. Cuando el otro día la vi en una librería de segunda mano, pasados tantos años, y en una nueva edición, tan bonita y retraducida por Carmen Criado para Alianza, la compré por tercera vez, y casi de inmediato la releí oscilando entre el hartazgo de la cuarta vez y el encanto de las primeras. Ahora tendré que explicar por qué en estos momentos ni me apasiona ni me parece condenable.

   Aquí están de nuevo el relato del peregrino ruso, su oración permanente, la religiosidad de los niños Glass, la soberbia y el encanto de Zooey... eso bajo la columna de lo que me fatiga; pero también la agilidad narrativa, las citas maravillosas, los recovecos de unos personajes extraños y distintos. Lo que más me sigue atrayendo es la técnica de Salinger, donde van a beber todos los ríos americanos, un estilo que a su vez proviene de Mark Twain y, sobre todo, de Scott Fitzgerald, si bien se encuentra de una u otra forma también en Hemingway, Steinbeck, McCullers, Capote y todos esos escritores que buscan generar un efecto emocional en el lector. Ninguno lo hace tan descaradamente como Salinger, y ninguno tiene por lo demás tanto éxito. Por otro lado, la gran "sabiduría" de Salinger parece escorarse a una cierta manera de ofrecer los contenidos, aparentando que es el lector quien descubre unos secretos profundísimos y sugeridos de manera alegórica, aunque cualquiera con dos dedos de frente sabría interpretarlos, y más cuando aparecen en cursiva. Salinger es el Jesucristo o "la señora gorda" de la literatura norteamericana, y eso es tanto un elogio como una lacra para quien esto escribe.

   Hay juntaletras que escriben como si los lectores no tuvieran otra cosa más en el mundo que ocuparse de todas y cada una de sus ocurrencias, pero una cosa es la cantidad y otra la calidad, y aunque se puede escribir mucho y bien (como poco y mal) lo más frecuente es que "mucho" vaya de la mano con "aburrido". Monterroso se refería a la sagacidad de Rulfo que con su par de libros dio por concluida su carrera, y lo mismo podríamos decir de Salinger. El hijo y albacea amenaza ahora con dar a la imprenta miles de páginas inéditas y asegura que recibió el encargo de "publicarlo todo". Tengo por seguro que si esa megapublicación se lleva a cabo, los montones de novelas, novelas cortas y cuentos que Salinger pudo estar escribiendo en sus jornadas de seis horas diarias desde los años sesenta hasta su muerte en 2010 significarán el fin del mito. Cuatro libros y un cuento en una revista es suficiente, y está bien que cada cosa esté en su sitio, la novela vendiendo millones todavía, los libros cuentos y novelas cortas sosteniendo su fama de escritor de calidad, el cuento inaccesible sugiriendo la peregrina idea de que aún queda algo interesante por leer de un autor sin errores. Salinger puede gustar más o menos, pero idiota no era, y su decisión más acertada fue escribir poco, corto, comprensible y con tono gracioso y modesto sobre cuestiones tan graves como la felicidad y la religión, la inteligencia y la salud mental, el mundo y el conocimiento verdadero. No necesitamos unas Obras Inéditas con miles de divagaciones y ocurrencias más o menos inspiradas; de hecho, a mí me basta ahora mismo con la mitad de su producción: los Nueve Cuentos, Franny y Zooey y Levantad, carpinteros, la viga del tejado; todo lo demás, incluyendo los relatos más o menos clandestinos pero ya editados y hasta traducidos en castellano, la novela del adolescente ingenioso, la exégesis de Seymour y su carta a los siete años no están en mi lista de futuros en estos momentos. Aunque quién sabe.

lunes, 22 de mayo de 2023

PHILIP ROTH (sus novelas)

 


Benito Arias

   Después de ver un estupendo documental centrado en Philip Roth (creo que es de 2011 y pertenece a la serie American Masters), me han entrado ganas de repasar algunos de sus libros de ficción,  hacer un recorrido por sus novelas más destacables. El documental tiene ese efecto, porque el propio autor delante de la cámara va seleccionando y haciendo desfilar su obra, leyendo algunos pasajes y hablando de esto y aquello, con muy buen tono, como siempre, y vuelve a incidir en la paradoja de que lo tengamos por vividor y afortunado cuando se ha pasado la vida de pie (así es como escribía) revisando sus papeles y tardando dos o tres años en terminar cada uno de sus libros.

   A Philip Roth empecé a leerlo en la adolescencia, con aquel horrendo tomo de Bruguera Club titulado entonces El lamento de Portnoy (1969), luego retraducido como El mal de Portnoy. Esta novela la recuerdo tan divertida como dice todo el mundo; pero no me han dado ganas de volver a leerla hasta ahora, todo sea dicho. El motivo es que en ella encontramos lo mejor y lo peor de Roth, su lado narrativo, especulativo y disparatado por una parte; por otra la obsesión con el judaísmo. En estas líneas quiero ir separando, con arreglo a esta distinción, y una vez aclarado que no he leído todos sus libros, aquella parte de su obra más alejada del conflicto religioso, moral y familiar que implica el ser judío norteamericano (para mí lo más cansino y ajeno de Roth), lo que en la práctica redunda en destacar las diez o doce novelas que para mí son indispensables de este autor.

   Justo después del Portnoy se inicia el ciclo de "Zuckerman encadenado", que es como reunió una serie de novelas protagonizadas por su alter ego Nathan Zuckerman (único heterónimo que reconoce inspirado directamente en su propia vida, quien por cierto no protagoniza grandes escenas sexuales, al contrario que los otros, David Kapesh o Mickey Sabbath). La cuatrilogía abarca: La visita al Maestro (1979), uno de sus mejores libros para mi gusto, muy bien traducido por Mireia Bofill en Argos Vergara a pesar de haber soslayado el sugerente título original, The Ghost Writer; y continúa con Zuckerman desencadenado (1981, cuya primera aparición en castellano, en muy buena traducción también de Jesús Zulaika, responde al título La liberacion de Zuckerman), para terminar con dos obras que se publicaron originalmente por separado pero que en España salieron juntas: La lección de Anatomía (1983) y La orgía de Praga (1985). Aquí nos encontramos ya con el Gran Maestro de sus traducciones al castellano, Jordi Fibla (se ha encargado de 19 de sus libros), prácticamente su traductor oficial, posición que ha compartido en los últimos años con Ramón Buenaventura. La tetralogía sobre las cadenas de Zuckerman se centra en un autor que ha tenido un gran éxito con una novela de gran impacto mediático, superventas y motivo de críticas feroces, titulada Carnovsky, lo que le ha supuesto un encadenamiento muy particular. Desde luego, no hay que dar muchas vueltas para ver que Roth está siendo muy juguetón (y postmoderno) al establecer los puentes entre la ficción y la realidad, ya que hasta un personaje ficticio como Portnoy tiene un sosias en la, digamos, metaficción. La visita al Maestro es una novela de escritores, donde se asiste al duelo entre el joven alumno, fantasma o "negro", Zuckerman, con el Maestro (un trasunto de Isaac B. Singer, tal vez, o de Saul Bellow y sus amantes en flor, o quizás Malamud o una mezcla de todos ellos pasada por la simulación y la invención siempre muy viva en Philip Roth). La lección de anatomía hace frente a los dolores que atenazaron realmente durante décadas a Roth en la espalda, siendo por ello algo desesperante, mientras que La orgía de Praga puede considerarse un divertimento inspirado en sus viajes a Checoslovaquia, un juego que alude a la interesante relación entre dos autores muy conectados, Roth y Kundera (aprovecho para recomendar la mejor entrevista que ha concedido Kundera, se halla en el volumen de Roth titulado El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, de 2001).

   El mismo carácter de divertimento, esta vez en clave kafkiana, hay que reconocer en la introducción de otro personaje, más obsesivamente ligado al instinto sexual que Zuckerman, se trata del profesor David Kapesh, protagonista de El pecho (1972), una fantasía muy poco interesante en mi opinión, pero todo mejora en El profesor del deseo (1977) y sobre todo en la estupenda novelita corta El animal moribundo (2001), en un tono trágico que permite la conexión con otra de las novelas cortas del final de la carrera de Roth, donde condensa lo mejor (y algo de lo peor) de su escritura: La humillación (2009), que está fuera de los ciclos de personaje pero que por su brevedad es una buena introducción a lo que se puede esperar de su escritura.

   Otra cala en nuestro recorrido debe ser la dupla Mi vida como hombre (novela de 1974) y Los hechos (memorias de 1988). Cuentan parcialmente lo mismo, el primer matrimonio de Roth, que fue un completo fracaso, como deja bien claro, primero en la ficción y luego con "los hechos". Leídos en orden, el libro de memorias resulta algo redundante, a pesar de que abarca más sucesos que la novela. El objetivo de las memorias era confrontar la invención con la realidad y demostrar que una novela es una novela, y aunque pueda estar inspirada en la vida, no es la vida misma. Se trata de un experimento literario completamente exitoso.

Sin embargo, cuando vuelva Zuckerman en la novela The Counterflife (1986, traducida como Zuckerman liberado, por Jordi Fibla en Versal o La contravida por Ramón Buenaventura en Seix Barral), nos hallaremos ante una irritante divagación obsesiva en que el judaísmo y las claves familiares del propio Roth están muy (demasiado) exagerados: un hermano mayor, un matrimonio con una inglesa, viajes a Israel... Ni los asuntos sexuales del supuesto hermano convertido al judaísmo más sectario ni la mixtificación propia de la literatura logra hacer que remonte esta novela demasiado anclada en las obsesiones particulares de Zuckerman, el interminable conflicto de los judíos norteamericanos con el sionismo. Al parecer, lo mismo cabe esperar de Operación Shylock. Una confesión (1996), que aún no he abierto. Sin embargo, cuando Roth se entrega sin más a la autobiografía suele acertar, era el caso de Los hechos ya comentada, o de Patrimonio. Una historia verdadera (1991) sobre su relación con su padre y que le sirve para aclarar que el supuesto conflicto del escritor Zuckerman con su padre por sus críticas al judaísmo es exclusivo de ese personaje, ya que el suyo siempre lo apoyó en su dedicación a la literatura. Interesante acotación que nos revela que Zuckerman como decíamos está inspirado en su vida pero no es el propio Roth tal cual. Cuando Roth quiere hablar directamente de sí mismo lo hace en estos términos.

   También de los años 90 es una novela algo especial: Engaño (1990), centrada en las conversaciones entre un escritor y su amante donde asistimos como espectadores a unas jugosas reflexiones dialogadas sobre la vida, la escritura y el amor. Eso sí, hay que huir como casi siempre de la película, ya que todas son un desastre, especialmente la de Isabel Coixet, que adapta con errores de todo tipo (no siendo el menor el del reparto) El animal moribundo, dándole sin embargo el título de otra magnífica novela de Roth sobre la muerte, fuera de ciclos: Elegía (2006). En fin, todas las películas basadas en libros de Philip Roth, en mi opinión, son un despropósito.

   La cúspide de la producción de Philip Roth suele considerarse que es la trilogía compuesta por Pastoral americana (1997), Me casé con un comunista (1998) y La mancha humana (2000). Yo no estoy del todo de acuerdo. En primer lugar, porque igual debería incluirse en esta supuesta cúspide la novela anterior, El teatro de Sabbath (1995), y en segundo porque, aun siendo todas ellas buenas novelas, de lo mejor de su producción, Pastoral adolece de un excesivo acercamiento a la idea de La Gran Novela Americana, y no de modo irónico como en la que publicó con ese título en 1973, bastante normalita, por cierto, y de ahí quizás el irónico título (o será porque trata de béisbol). En todo caso, Pastoral se acerca al tema de la consigna: América y los americanos, la América mestiza y en conflicto permanente, también en este caso la América posterior a la traumática guerra de Vietnam. Su localismo podría resultarnos algo ajeno a los lectores extranjeros. Algo parecido pasa con la segunda, así que saltaré a la que para mí es la mejor obra de este autor, La mancha humana, que he leído varias veces y me parece la síntesis de lo mejor que ha dado su escritura. Entre sus aciertos, el que incluya tangencialmente al personaje de Zuckerman en una trama que no le pertenece, o la imbricación con los escándalos políticos que entonces sacudían al presidente Clinton. En general, es una magnífica historia sobre la identidad y el secreto, el amor entre personas profundamente heridas y la cruel intervención de los convencionalismos para crucificar socialmente a los espíritus libres. La anécdota que la sostiene, hermanada con Desgracia de Coetzee, como es sabido, sigue siendo de una actualidad tremenda en las sociedades de la cancelación y la tiranía de las ideas liberadoras "de" esto o lo otro, esas ideologías que olvidan que hay también una "libertad para" tanto o más importante. Pero claro, Isaiah Berlin no entra en los planes de estudios de las universidades actuales, según parece. 

   En el nuevo siglo, Philip Roth como antes su colega Bellow apuesta por la brevedad (no tanto por el cuento como por las novelas cortas); pero antes se despide de la novela tradicional con una incursión en la ciencia ficción del tipo "historia alternativa", La conjura contra América (2004), que es digamos más "normal" en otro sentido: se trata aquí una trama ajena a su propia vida y podríamos decir que es un estudio de las posibilidades de la realidad, vamos, lo que tradicionalmente ha sido una novela.

   Entre las brevedades finales, mi preferida es Sale el espectro (2007), la despedida de Zuckerman, pero la verdad es que todas ellas son buenas novelas: Indignación (2008), La humillación (2009) o Némesis (2010), que por conveniencias comerciales se han editado como trilogía sin serlo. 

   En 2012 anunciaba Philip Roth que dejaba de escribir. En 2018 se nos iba definitivamente uno de los mejores novelistas americanos, por supuesto que sin el Nobel y envuelto en la necia polémica de la corrección y la cansina contaminación mutua entre vida y obra de los autores, algo que en el terreno del ensayo o la filosofía puede tener algún recorrido; ¿pero en la ficción, donde la tesis es siempre una hipótesis y el relato un juego de posibilidades?

sábado, 18 de febrero de 2023

CEREMONIAS MACABRAS (T. E. D. Klein, 1984)

 


 Benito Arias

   En inglés tiene un título más sencillo: The Ceremonies, y una portada más siniestra y adecuada a la trama; pero al fin y al cabo es una obra de terror contemporáneo (bueno, de los ochenta del siglo pasado) y esta época está marcada por dos nombres: Lovecraft (influencia) y Stephen King (producción), con los cuales sí que sintoniza plenamente. Ambos nombres pueden relacionarse en un primer momento con T. E. D. Klein (1947), el primero porque es su principal influencia reconocida, el segundo porque es su contemporáneo y para muchos el referente del género en la época. En sus entrevistas recuerda Klein que cuando dirigía la revista The Twilight Zone Magazine, de 1981 a 1985, el hecho de poder incluir un relato de King significaba incrementar notablemente las ventas, y cómo los editores presionaban para contar con él en la portada. Sin embargo, la forma de escribir de uno y otro tiene poco que ver. Ninguna fatuidad en Klein, pocas concesiones al infantilismo narrativo, y hay que olvidarse de la velocidad de crucero al leer simplonas páginas intrigados por lo que va a ocurrir (aunque se recojan con pelos y señales derivas sin sustancia, algo tan molesto en el caso de King). No es ese el plantemiento de T. E. D. Klein, que construye una novela morosa, muy dilatada, rondando las 600 páginas en la edición original aunque en la española no llegue a unas densas 500, con un estilo donde se cruzan varias tramas y técnicas narrativas. Por fortuna cuenta con una eficaz traducción de Albert Solé, un sólido valor de la editorial Martínez Roca en aquella época.

   Klein comenzó su relativamente escasa carrera (una novela, cinco novelas cortas, una decena de cuentos y un grueso tomo de ensayos y misceláneas), carrera que por cierto él da ya por terminada, con una novela corta o relato largo espléndido: The Events at Poroth Farm (1972), ahora reeditado en una edición ampliada del volumen Reassuring Tales (2021), en el que recoge mediante la técnica del diario las sobrenaturales amenazas sobre un joven profesor neoyorkino que se marcha al entorno de un pueblo algo apartado como inquilino en la granja de los Poroth, un matrimonio de su edad y sin hijos, para dedicar su verano a leer literatura de horror clásica a fin de preparar unos cursos. La fusión de opiniones sobre la literatura gótica y la serie de sucesos cada vez más extraños, acordes con lecturas como El pueblo blanco de Arthur Machen, es llevada a cabo de manera muy económica y realmente efectiva. En Ceremonias macabras alarga la idea de esta narración inicial extendiendo la amenaza al modo de Lovecraft hacia el llamado horror cósmico con la invocación de cierta entidad maléfica que se pretende traer al mundo mediante unas extrañas ceremonias. En la novela hay mayor proximidad a los personajes, que ahora son muchos más, y ofrece una larga descripción de la vida en comunidad (fanáticos religiosos seguidores del profeta Jeremías), aproximándose así a lo que hoy se conoce como Folk Horror

   El estilo de Klein es detallista, tal vez en exceso, la sensación que deja después de su lectura es de perfecta ejecución: ningún cabo suelto, nada de alusiones sin conectar a la trama. El autor ha trabajado a fondo el argumento y lo ha expusto hasta el último detalle: los personajes, la mitología, la comunidad y sus ritos, en fin, todos los aspectos que aparecen a lo largo de esta ambiciosa novela, declarada por S. T. Joshi un auténtico "hito" de la ficción weird contemporánea (aunque con un limitado éxito de ventas). Cabe preguntarse por ello si el hecho de que no haya publicado más, y que la segunda novela ampliamente trabajada durante años vaya a quedar al parecer inédita, es precisamente una consecuencia de este perfeccionismo, padre de grandes obras y de amargos abandonos.

   Como casi todo el que se acerca a la obra completa del autor, prefiero las ficciones de extensión intermedia, tanto su primera novella como las otras incluidas en Dark Gods (1985), de las que tres pueden leerse en antologías de la época, también en España. Suele mezclar eficazmente tramas de verdadero espanto, con amenazas muy físicas y materiales, junto al goticismo alusivo y de terrores ambientales que tanto practican los clásicos del género. Sigue la estela de los clásicos, y en especial del Lovecraft maduro, no el que describe los espantos con su sobrecarga descriptiva (Klein es consciente de que es mayor el efecto si éste se dosifica) sino el que prepara magistralmente la eclosión final en el "periodo realista" que inició a fines de los años veinte del siglo pasado. A algunos podría parecerles que en Ceremonias macabras la dilatada postergación del desenlace no se compadece bien con la abrupta conclusión; no es mi caso, creo que el balance está bien medido y que al final consigue dos o tres escenas impactantes que quedan para siempre en el recuerdo del lector.

   Del periodo final del siglo pasado, cuando nos preguntemos por la buena literatura de terror que se ha escrito en él, no creo que debamos responder con el nombre de Stephen King y su legión de imitadores, sino con unos unos pocos y oscuros secundarios que muy pocos leen ahora, pero que son los tocados por el imperativo del estilo: pienso sobre todo en Robert Aickman, cuya magnitud está ahora mismo comprendiéndose por fin, seguido de un selecto grupo donde destacan el primer Ramsey Campbell, sobre todo con sus cuentos, a veces M. John Harrison (si no se obstina en contar en 40 páginas lo que estaría mejor en 10) y por supuesto Thomas Ligotti, que en mi opinión es demasiado irregular. Pues bien, el americano Theodore "Eibon" Donald Klein merece figurar con todos los honores en este selecto grupo, primero por sus relatos y ensayos; pero también por esta novela ambiciosa e impactante.

sábado, 14 de enero de 2023

DEJAR DE LLAMARTE (Vicente Ruiz, 2017)

 

Mayte Padilla

   Mi postre fetiche es el tiramisú. Me encanta comerlo, y me precio de saber prepararlo con óptimos resultados porque aprendí de una amiga italiana. Suelo pedirlo en cualquier restaurante que lo ofrezca en su carta para, tras una minuciosa cata, proceder a encuadrarlo en mi ranking personal.

  Tres elementos clave componen un tiramisú canónico: la crema, en la que el azúcar no debe enmascarar el sabor del mascarpone hasta el punto del empalago; el bizcocho, con cierta consistencia pero mejor si no es excesivamente grueso, humedecido lo justo en la mezcla alquímica de café y amaretto para que resulte estimulante y caliente el paladar; y el cacao, amargo, áspero, para hacer destacar por contraste la suavidad del resto de los ingredientes.

    Dejar de llamarte, la primera novela de Vicente Ruiz, publicada en 2017, es un delicioso tiramisú artesanal. Caeré en el chiste fácil: es el tiramisú de la abuela, ese postre que, aunque sencillo en su elaboración y presentación, desafía por su sabor y textura a cualquier compleja elaboración del más reputado chef.

   Así, esta autoficción en la que una mujer a punto de alcanzar su madurez rememora la figura de su abuela, fallecida recientemente, se compone de tres partes; y me hizo atravesar, como lectora, por tres estados de ánimo.

   En la primera parte la protagonista, Noelia, pasea por Valencia mientras recuerda su infancia, preñada de descubrimientos: la música, el barrio, los placeres estivales, las rutinas caseras…, bajo los cuidados cariñosos pero no condescendientes de su abuela, omnipresente en el papel de matriarca de una familia en la que los hombres apenas tienen presencia. Diría que brillan por su ausencia si no fuera porque no hay subrayados en esta historia. Todo se enuncia con una sencillez desarmante.

   Esta primera parte es la crema de mascarpone. Podría haber sido convencionalmente dulce en su bosquejo de una infancia no ideal, pero esencialmente feliz; podía haber quedado insípida al abundar en la descripción de una ciudad ajena, que no atrapa y que en mi opinión es lo más olvidable de la novela. Es un momento en que aún se observa a esa niña, y a la narradora adulta, desde fuera, de forma que sus peripecias apenas nos interpelan, más allá de las coincidencias generacionales. Sin embargo, la narración tiene la virtud de mantenerse fluida, ligera, gracias a un uso del lenguaje rico pero sin florituras, y te va atrapando en su corriente: es una crema no especialmente sabrosa pero perfecta para amalgamar lo que vendrá después.

   La segunda parte es el cuerpo de la historia: el bizcocho. Conocemos a la Noelia adolescente, y en su primera juventud cuando, paradójicamente, su vida queda ya irremediablemente ligada a la de la abuela octogenaria con la que se queda a vivir cuando la madre inicia una nueva relación de pareja. El eslabón materno queda un tanto al margen de la ecuación, a la búsqueda de su propia historia, y abuela y nieta quedan juntas, solas. Buena, solas no. Está la Tula, personaje entrañable y con entidad propia.

   El desfase vital entre la joven y la anciana agudiza las aristas de la convivencia, y el autor nos lo muestra sin tremendismos ni morbo, pero sin paños calientes, con un discurso fuerte como un café cargado. Los avatares profesionales de la protagonista reflejan los de toda una generación que ha crecido en la precariedad. Noelia toma cuerpo como personaje cercano, interesante en sí mismo, debatiéndose entre una vocación literaria nunca culminada, la certeza de que su proyecto vital va a contratiempo del de sus amigos (delicioso amaretto esa Victoria, la amiga incondicional que ofrece siempre las risas y lágrimas justas), la incertidumbre sobre la propia esencia y el reflejo de los actos propios sobre el entorno.

   Es en la descripción de las contradicciones y las limitaciones de una vida en la que cada elección supone una renuncia cuando la novela coge vuelo. De nuevo con una aparente sencillez estilística, los dos hilos temporales de la historia, el de la Noelia presente, y la que aún convivía con la anciana, muestran con desnudez, sin énfasis ni falsas modestias, las pequeñas alegrías y renuncias de todos los días. Es el momento en que la novela se revela como un trozo de pura vida, de vida de verdad, y la conciencia de que podría ser la nuestra nos embriaga como las gotitas de amaretto.

    Ojalá su horizonte de esperanza sea el nuestro también.